EBook El Espíritu libre. Dios en nosotros

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Descripción

Jesús de Nazaret nos enseñó a retirarnos a un aposento tranquilo y a buscar a Dios en momentos de silencio, de sosiego interno. Él no nos enseñó que fuésemos a iglesias de piedra.
¿Cómo podríamos preparar un aposento tranquilo? Por ejemplo, en mi casa me he preparado un rinconcito para rezar, con una mesita, una silla, una vela. Con el tiempo para mí se convirtió en un deseo de corazón retirarme allí para rezar o para prepararme internamente escuchando música, para tranquilizarme, para entonces dirigir algunas oraciones profundas y fervientes al interior, a Dios en nosotros.
Haga la prueba. Prepare un rincón sencillo para rezar. Deje que con la música y la oración este se convierta en un lugar que ejerza sobre usted una fuerza de atracción cada vez más intensa. Y hágase consciente una y otra vez de que Dios, nuestro Padre celestial, le ama a usted, nos ama a todos. Él desea que nosotros vayamos a Él, porque todos somos en el fondo de nuestra alma hijos e hijas del Reino de Dios. El Reino de Dios es nuestro Hogar verdadero e imperecedero, eternamente.
Jesús nos enseñó: El Reino de Dios está dentro de vosotros. Dicho con otras palabras: el Reino de Dios es la ley de la vida, es Dios. Por consiguiente, Dios está en nosotros.
Toda persona es libre de creer o de no creer que como ser humano no es más que un peregrino que lleva en sí la eternidad. Para su existencia en este mundo nuestra alma ha tomado un cuerpo humano. Cuando el cuerpo humano fallece, el alma continúa su camino en las esferas del Más allá. Y recorre ese camino hasta que vuelva a llegar del todo al interior, a Su Creador, a Dios, su Padre. Y entonces es una con Él. Tal como dijo Jesús de sí: “Mi Padre y Yo somos Uno".
Estas son palabras maravillosas de Jesús, el Cristo: Mi Padre y Yo somos Uno. Al fin y al cabo, esta es la meta para cada uno de nosotros. Venimos de Dios, vivimos en Dios y volveremos a recorrer el camino a Dios, para volver a ser uno con la poderosa corriente, con el inmenso océano de la Existencia universal, Dios en nosotros. Entonces también nosotros como seres puros podremos decir: Mi Padre y yo somos uno.
Esta perspectiva nos podría dar alas. Solo la unidad interna en Dios, nuestro Padre eterno, nos une como hermanos y hermanas que pertenecen al Reino de Dios. Solo el eterno Hogar en Dios, nuestro Padre, nos une.

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Ref. B179es
ISBN 978-3-98201-871-1